MURALLA DE ÁVILA

LA MURALLA DE ÁVILA

La muralla de Ávila es una cerca militar románica que rodea el casco antiguo de la ciudad de Ávila, de la provincia homónima, de la comunidad autónoma de Castilla y León, en España.
La muralla tiene un perímetro de 2516m, 2500 almenas, 88 cubos o torreones y 9 puertas.Ocupa una superficie de 33 hectáreas y conforma un rectángulo orientado de este a oeste.Sus muros tienen 3m de grosor y 12 de altura.Para su trazado se aprovechó los desniveles del terreno y no se construyeron ni taludes ni contrafuertes.

La puerta de Alcázar


Es el elemento más solemne de toda la muralla.La puerta está formada por dos grandes torreones unidos por un puente que refuerza la defensa del acceso.
En la restauración de 1907, realizada por Repullés, se le dotó de las almenas, imitando la puerta de San Vicente, aunque no existe documentación sino algunas referencias en el pasado.

¿QUE SE PUEDE VISITAR EN ÁVILA?



Las murallas son el monumento más relevante de la ciudad .Se puede acceder a buena parte de ella, 1400m de su longitud, y recorrer su adarve. Desde su ronda se contempla una extraordinaria vista de Ávila, tanto intra como extramuros.

 ¿SABIAS QUE...?
El reloj de la historia de Ávila

En una de las almenas de la muralla de Ávila (en concreto la del ángulo noroeste de la muralla, frente a la basílica de San Vicente) aparece este reloj de la historia. Parece un reloj de sol horizontal pero lleva unas plaquitas metálicas explicando lo que es. En una de sus placas está escrito: ‘‘reloj de la historia’’.Este reloj caótico marca a la vez, las horas y los siglos, los grandes acontecimientos, pero también las pequeñas cosas.
Esta muralla esta echa de piedra, de luz, pero sobre todo de tiempo. La muralla tiene su biografía, sus horas, sus días, sus momentos todos a la que ella pertenecieron y  pertenecemos.


ÚLTIMA HORA:

En la catedral de Ávila se ha encontrado un pasadizo de 13m de largo, 2m de altura, y tan solo 0,71 de ancho, situado en la zona norte del templo y que podría datar del siglo XII. El obispado mostrará a los medios el 19 de abril.

















L
a muralla es un monumento UNIVERSAL. Todos tenemos una imagen de este gran hito de la arquitectura militar que se ha convertido en un hito de la Historia del Arte.
Que sea admirada por su grandeza y espectacularidad no es para menos: el perímetro de la muralla es de 2.516 m., con 87 torreones o cubos y 9 puertas. Rematan su alzado la friolera de 2.500 merlones (las almenas son los espacios entre los merlones).
Si de algo puede presumir nuestra muralla es de ser el recinto amurallado urbano mejor conservado del mundo. En Europa hay otros similares como el de Carcassone en Francia (también con cerca de 3 Km. de longitud) y en España destaca la muralla romana de Lugo (con 2.266 metros), la de León (no íntegra) y de la misma época o la de Pamplona, más tardía que la abulense.
Desde hace siglos, esta enorme cerca ha sido valorada como un elemento artístico, siendo declaradaMonumento Nacional en 1884, Conjunto Histórico Artístico en 1982 y Patrimonio Mundial en 1985 junto con el resto del casco histórico de la ciudad.
En la actualidad, se pueden visitar recorriendo el adarve superior, 1.700 metros de la muralla contres accesos y un cuarto apto para personas con movilidad reducida.
Unas 200.000 personas recorren el adarve cada año, admirando las excelentes panorámicas que ofrece el monumento.
Aproximadamente el 75% son visitantes nacionales, casi un tercio de ellos madrileños. Pero, la proximidad no es lo más relevante para venir a conocer la muralla puesto que, en el resto del ránking y por número, les siguen los andaluces, valencianos, catalanes y vascos. También es importante el número de castellano-leoneses.
Entre los extranjeros europeos, sobre todo franceses y alemanes pero también italianos, británicos y portugueses y, cada vez más, estadounidenses y japoneses.
La muralla es un atractivo fundamental para visitar la ciudad: un 27% de los turistas alegan que conocer la gran cerca es la razón principal de su visita y que este monumento es el que mejor identifica a la capital (66%).
(Estadísticas parcialmente extraídas del Balance de la actividad turística durante el año 2009 del Observatorio Turístico de la Ciudad de Ávila).




Según la tradición fueron dos maestres de geometría, uno romano y uno francés, los que dirigieron la construcción de la muralla medieval que duró nueve años, algo poco verosímil. Hay que considerar que hubo una primera muralla más antigua y que se trata de un edificio “vivo”, con numerosas ampliaciones, reconstrucciones y reparaciones.
La fábrica no es uniforme y depende del lienzo que contemples. En general y sobre todo en el lienzo oriental observas, en la base, el predominio de sillares de granito gris. Están dispuestos en hiladas pero no coinciden en disposición ni dimensiones. Ello se debe a que son piezas REUTILIZADAS, muchas de ellas provenientes de alguna edificación romana previa que habría sido desmantelada. Incluso no tuvieron impedimento en utilizar estelas funerarias del antiguo cementerio de aquella época que, se cree, se localizaba en la zona de la Basílica de San Vicente.
A partir de una línea muy clara, el muro se recreció con piedra sin talla, granito anaranjado que predomina también en los torreones laterales. Las amplias juntas que quedan entre ellas, están rellenas por cuñas de menor tamaño. Algunos orificios que aprecias en estas juntas son premeditados: permiten anidar a la importante colonia de vencejos que tenemos en la ciudad.
Como remate del conjunto, la cerca se ve coronada por series de merlones de mampostería. La mayor parte de ellos se uniformizaron con un tejadillo a doble vertiente en las restauraciones efectuadas a principios del siglo XX.
Se cree que la mayor parte de los torreones son macizos, rellenos de piedra y mortero de cal pero también los hay colmatados de tierra. Por el momento, el único que parece que fue concebido hueco para albergar un cuerpo de guardia fue uno de los que componen la Puerta del Carmen.
Aún restan interrogantes acerca de otros puntos de vigilancia y por dónde se efectuaba el acceso al adarve desde el interior de la ciudad ya que no se conservan indicios de antiguas escaleras.

Tipos de piedra utilizados en la muralla

A lo largo de tus recorridos por la muralla, apreciarás diversos tipos de piedra y diferentes formas de talla. Eso debe a las sucesivas etapas de construcción pero, también, de rehabilitación que ha ido sufriendo a lo largo de los siglos. Entre los más característicos tipos:
Talla compleja. Restan grandes juntas entre las piezas. Ensamblan perfectamente entre ellos. En algunos se aprecian huellas de talla medieval o marcas para su extracción en cantera.
Granito anaranjado. Talla compleja. Restan grandes juntas entre las piezas.
Sillares de granito gris. Ensamblan perfectamente entre ellos. En algunos se aprecian huellas de talla medieval o marcas para su extracción en cantera.

Un tipo de granito naranja utilizado en las construcciones más antiguas de la ciudad.
De forma puntual, también existen elementos de ladrillo principalmente en los remates superiores.
Piedra “caleña”. Un tipo de granito naranja utilizado en las construcciones más antiguas de la ciudad.
Ladrillo. De forma puntual, también existen elementos de ladrillo principalmente en los remates superiores.




EL ARTE DE LAS MURALLAS.




Las murallas son el símbolo universal y monumento más destacado que acoge a la ciudad de Ávila. Su importancia deriva por el recinto amurallado medieval mejor conservado de España ,probablemente de toda Europa. La muralla es de estilo románico,que en 1884 fue declarado monumento-histórico-artístico,más tarde , el 8 de agosto de 1991 lo fue su entorno.
Todo el casco antiguo está rodeado por sus muros almenados ,jalonados de torres cilíndricas ,un puesto de honor en el arte Español y que siempre se ha considerado el único estilo artístico verdaderamente nuestro.
Debajo de las murallas todavía se encuentran restos de de Vetones (personas) y Verracos (esculturas).




DENOMINACIÓN DE SUS PARTES

La muralla de Ávila ha tenido una evolución en sus soluciones arquitectónicas en función de la poliorcética (disciplina que se encarga de construir fortalezas, bastiones, baluartes o fortificaciones) dependiendo de las necesidades defensivas de cada momento. Y ello deriva en un rico vocabulario. A continuación se incluye un glosario de elementos que existen o han existido en la defensa abulense así como imágenes donde se pueden apreciar.
Adarve o paseo de ronda. Corredor situado sobre una muralla u otro tipo de fortificación que se protege por un lateral por un parapeto almenado y que permitía a los defensores moverse con rapidez en sus labores de vigilancia o combate frente a los atacantes.
Albardilla. Tejadillo a doble vertiente que evita que el agua de lluvia penetre en el interior del merlón.
Alcázar. Recinto fortificado que es además sede real o residencia del señor.
Almena. Espacio existente entre merlones. Con la utilización de la artillería en las campañas militares, se las comenzó a conocer como cañoneras ya que por ellos se asomaba el extremo de los cañones.
Aspillera. Abertura en los muros que sirve para la defensa, precursora de las troneras, que sufre normalmente un ensanchamiento exterior llamado abocinamiento. Se llama deriva al ensanchamiento vertical y derrame al horizontal.
Barbacana. Edificación avanzada y aislada de defensa y vigilancia de un ingreso, paso, puente o puerta.
Cadalso. Estructura de madera colgada por medio de modillones (ménsulas o canes) y mechinales, tanto en torres como en paños de muralla. Generalmente cubiertos, tienen el frente y la base aspillerado para el hostigamiento vertical. El cadalso es el precursor de los matacanes y de las ladroneras.
Cubo. Cualquier torre y en particular las de sección circular. Sirve para flanquear la defensa e incluso la misma fortificación haciendo las veces de contrafuerte.
Escaraguaita. Antecesora de las garitas aspilleradas del siglo XVI. Se trata de un borje situado normalmente en las esquinas o al medio de los paños, de forma cilíndrica, sobre una lámpara o sobre ménsulas o canecillos y que sobresale del antepecho por encima del adarve.
Foso. Defensa consistente en un canal natural o artificial que rodea la fortaleza al menos por uno de sus flancos, lo que impide el acceso directo a las defensas, dificulta la zapa y las minas, e incrementa la altura relativa de las barreras del castillo desde su base exterior.
Garita. Hueco de vigilancia para los centinelas, de reducidas dimensiones, aspillerado y cubierto.
Ladronera. Elemento defensivo que se proyecta exteriormente del antepecho, a modo de balcón, con el suelo aspillerado para el ataque vertical, situado normalmente sobre accesos para su defensa y sostenido por matacanes.
Lienzo. Muro, pared, paño.
Liza. El espacio que media entre el antemuro o barrera y el castillo.
Matacán. Voladizo que se ubica en la parte alta de una torre, muralla o cualquier otra fortificación y que permite, de forma segura, observar al enemigo y atacarle si fuera el caso. Por los orificios inferiores se podía lanzar proyectiles sobre los atacantes que se localizaban en la base.
Ménsula. Elemento que sirve de soporte a cualquier otro elemento constructivo.  Su vuelo siempre es mayor a su altura.
Merlón. Se trata del saliente vertical que culmina muchas fortificaciones y que permitía ocultarse al defensor quedando a salvo de los ataques enemigos.
Postigo. Pequeña puerta inscrita en otra mayor para el paso de peatones.
Poterna. Puerta trasera, que se suele encontrar elevada y de difícil acceso. Se utilizaba como puerta falsa para poder entrar o salir en caso de asedio.
Saetera. Hueco abierto en los muros, normalmente con abocinamiento interior y sin derrame, usado para disparar con arco o ballesta. Se diferencia de la aspillera en que ésta tiene normalmente derrame y deriva externa.
Tambor. Torre cilíndrica o cubo. Generalmente se asocia con torres anchas y poco altas.
Torrejón. Torre grande. Define una torre más grande que las demás en un castillo, es decir, la torre del homenaje.
Torre del Homenaje. Torre destacada de la fortaleza que contenía, por lo general, las salas nobles.
Tronera. Pequeño hueco en los muros usado para disparar armas de fuego. La más característica es la forma de cruz sobre un círculo –cruz y orbe- o en forma de cerradura invertida. El hueco sobre el orbe se usaba para apuntar con las armas. Otros tipos son en forma de buzón, rectangulares, de banco corrido,…
Fusileras. Colocadas entre anchas almenas en la segunda década del XVI.


¿POR QUÉ SE UTILIZARON TUMBAS PARA CONSTRUIR LA MURALLA?

Muchos de aquellos que contemplan la muralla de Ávila aprecian una serie de “piedras” cuya función les resulta difícil de  determinar. Sus formas y sus disposiciones nada tienen que ver con los sillares y la mampostería que dominan en la defensa. Ello se debe a que son piezas reutilizadas, muchas de ellas provenientes de alguna edificación romana previa que habría sido desmantelada. Incluso no tuvieron impedimento en utilizar estelas funerarias del antiguo cementerio de aquella época que, se cree, se localizaba en la zona de la Basílica de San Vicente.

Por tanto, cuando las murallas se refuerzan y amplían en época medieval, no hay impedimento en disponer estas piezas antiguas que resultaban abundantes en el perímetro oriental de la muralla pero que también se aplicaron en puntos concretos de la zona occidental y meridional del recinto amurallado.
Para que sepas para que servían dichas piezas antes de ser reutilizadas como material constructivo, a continuación te mostramos algunas de las más abundantes:
Cistas. Los romanos, como otros muchos pueblos de la antigüedad, incineraban a sus muertos y las cenizas las depositaban en cistas. Estas cistas podían ser vasijas cerámicas pero, frecuentemente, se tallaban en piedra tal y como se aprecia en las fotos anexas.
Cupae. Por encima de las cistas, se disponían cupas o cupae, unos elementos de piedra que se asentaban sobre el enterramiento, que lo protegían y que servían para señalizarlo. Algunas llevaban inscripción relativa al difunto.
Estelas. También para señalizar servían las estelas. Se disponían verticales, clavadas en el terreno y solían contar con texto acerca de la identidad del que allí yacía, su profesión, origen.
Verracos. Son esculturas zoomorfas, bien cerdos, bien vacas o toros, propias de los vettones, el pueblo indígena que habitó las actuales provincias de Ávila, Salamanca y, parcialmente, zonas de Toledo, Cáceres así como algunas áreas portuguesas. Su manifestación artística más relevante son estos “toros” que, según algunas investigaciones, servían para marcar zonas de pastos. Los romanos eran un pueblo abierto a otras formas culturales y religiosas y, cuando ocupan estas áreas, se siguen utilizando verracos, entre otras cosas, como monumentos funerarios. Hay muchos reutilizados en la muralla, destacando el que da nombre al Cubo de la Mula ya que sobresale de la vertical del torreón.




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  La muralla:recreaciones 3D
  • Nos permite informarnos mejor, ya que tenemos la ayuda audiovisual para interpretar mejor.Aquí os dejo un vídeo en el que podéis ver la recreación de la catedral de Ávila 
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Historia de las Murallas de Ávila
Las Murallas son el símbolo universal y monumento más destacado que acoge la ciudad de Ávila. Su importancia se deriva por ser el recinto amurallado medieval mejor conservado de España y probablemente de toda Europa.

No es de extrañar que ya desde el 24 de marzo de 1884 fuera declarado monumento histórico-artistico, y más tarde el 8 de agosto de 1991 lo fue su entorno.
Origen de las murallas de Ávila
Aunque el origen de las murallas es romano, se considera obra fundamentalmente románica, aunque no es poca la controversia sobre su datación y tiempo de edificación.
La versión tradicionalmente conocida señala que las obras comenzaron el 3 de mayo de 1090 tras la bendición del obispo Pelayo. Los autores serían, según la leyenda de Ávila, los "maestros de jometría" Casandro Colonio y Florín de Pituenga (También el navarro Álvar García). El primero sería romano y el segundo francés. Bajo sus órdenes intervendrían 2000 hombres que tardarían en concluirla 9 años.

Estudios más recientes defienden una datación más tardía (mitad del siglo XII) para la construcción románica de las murallas.
Evolución del proceso constructivo
Ávila vio comenzar las obras de su recinto amurallado probablemente por el costado oriental, lugar de más difícil defensa por su carácter llano. Aquí se aprovecharían restos de la muralla romana y materiales de la necrópolis romana situada junto a la Plaza de San Vicente. Son perfectamente visibles los grandes sillares graníticos romanos en la base del lienzo.

Continuaría por el norte, a base de mampostería alisada y ripio.En estos dos lienzos, los más importante defensivamente por la orografía del terreno de fácil acceso al enemigo es donde la anchura de los muros es mayor, llegando a ser de tres metros y con altura de 12 metros, los cubos están separados veinte metros y con un espesor de 6 metros y sobresalen ocho metros.

Los flancos oeste y sur serían los últimos en levantarse y aunque guardan una coherencia con el resto se percibe menor altura y espesor en los muros, así como un mayor distanciamiento entre los cubos, probablemente porque la orografía ofrecía mejor defensa.

Además de la reforma de puertas la apertura de otras nuevas, durante los siglos XV, XVI y XVII, la muralla ha gozado de numerosas obras de restauración y consolidación a lo largo de los siglos XIX y XX, una de las más importante y recientes, en 1987 con su restauración y consolidación general.
Características
El resultado es una soberbia construcción civil románica de estilo europeo realizada en los siglos en que los vaivenes reconquistadores hacían insegura la defensa de una ciudad en la extremadura castellana.

Las cifras de la construcción hablan por sí solas de su grandeza. Tiene un perímetro casi rectangular de 2.526 metros. Tiene nueve puertas, cuatro postigos 88 cubos o torreones (30 en el costado norte, 12 en el oeste, 25 en el sur y 21 al este), 2.500 almenas, nueve puertas y tres postigos. La altura difiere un tanto de unos tramos a otros aunque guarda una gran homogeneidad, con una media de 12 metros.

La fábrica es de hiladas de grandes piedras de granito de gran regularidad, casi como sillares, que ofrecen un magnífico corte exterior liso. Entre ellas abundan otras más pequeñas embebidas en argamasa. Apenas aparece como material el ladrillo, por lo que, aunque interviniesen obreros mudéjares, la obra es de pura concepción y ejecución europea. El tono grisáceo del granito se dulcifica con algunos tonos dorados adquiridos con los fríos y los soles de muchos siglos.
Cada recodo del recinto está repleto de historias semilegendarias que le dan vida y personalidad.
Recorrido y descripción de la muralla de Ávila
Puerta del Alcázar
Empezaremos el recorrido por la Puerta del Alcázar, directamente enfrentada a la Plaza más animada y concurrida de la ciudad, la del Mercado Grande, justo enfrente del templo de San Pedro. Conserva su ejecución románica.

Es pequeña y con arco semicircular estando enmarcada por dos enormes torreones de más de 20 metros de altura unidos en su parte superior por un puente de arco de medio punto, situado de esta guisa para sorprender desde lo alto y por la retaguardia a cualquier invasor que se aprestase a abordar la puerta. Esta puerta sufrió reconstrucciones parciales en el siglo XVI.
El Cimorro y la Puerta del Peso de la Harina
Caminando hacia el norte por la calle de San Segundo nos topamos con el granábside fortificado de semitambor románico de la catedral, el llamado "cimorro"”, que visto desde fuera parece más un baluarte militar que el albergue del altar catedralicio.
Su carácter castrense se fue configurando a lo largo de los siglos bajomedievales con fines defensivos ya que esta zona llana era la más vulnerable.
Más adelante una puerta renacentista, llamada Puerta del Peso de la Harina, Los Leales o de los Obispos, ya no es de época románica sino del siglo XVI.
Puerta de San Vicente
Llegando a la Plaza de San Vicente a escasos metros de la basílica, de nuevo y muy similar a la del Alcázar, se abre la puerta románica de San Vicente.
Ya enfilando el lienzo norte de la muralla la primera puerta es ladel Mariscal, con arco apuntado.

En un recodo se abre la siguiente puerta, la del Carmen ampliada y reformada en los siglos XIV y XVI.
Doblando hacia el sur el lienzo occidental de la muralla sólo se abre en la Puerta del Puente o de San Segundo, de época original de la construcción, aunque reformada en los siglos XV y XVII.

Ya en el lienzo meridional la primera que encontramos es puerta de la Malaventura, afamada porque se afirma que por ella salieron 70 caballeros abulenses que fueron más tarde ejecutados por Alfonso I de Aragón por sus luchas dinásticas con su hijastro, el que sería Alfonso VII el emperador.
Prosiguiendo está la Puerta de la Santa, así llamada por estar frente a la casa natal de Santa Teresa, del siglo XVI.
La última puerta es la del Rastro, original del siglo XII, aunque con adiciones del XVI, como el arco carpanel que la cobija.


¡CONOCE NUESTRAS LEYENDAS!

El rey niño

Hacia 1109, el belicoso Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, se esposa con Doña Urraca, reina de Castilla. Como era habitual, fue un matrimonio de conveniencia y ellos nunca se llevaron bien: ninguno de los dos cedió poder y territorio al otro y continuaron reinando en sus respectivos territorios.
Ella, una mujer de recio carácter, tenía un hijo de su matrimonio previo con Raimundo de Borgoña de nombre Alfonso que, en principio, heredaría el reino de su madre. Y claro, para Alfonso el Batallador el niño representaba un obstáculo para hacerse con el reino castellano así que hostigó a su esposa que huyó con el crío ayudada por algunos nobles afines.
El niño es trasladado a la ciudad de Ávila ya que sus dirigentes, encabezados por Blasco Jimeno, son partidarios de que Castilla siguiera siendo independiente y no se anexionase al reino de Aragón.
El padrastro aragonés llega a Ávila con fines poco “paternales”, deseando apoderarse del crío que tantos quebraderos de cabeza le está ocasionando y pide que se lo entreguen, que el será su tutor pero, la respuesta desde dentro de la muralla es que ni hablar, que el Niño Rey se queda en Ávila.
Quizás como maniobra dilatoria o porque realmente le surge la duda de si realmente está allí y sigue vivo, el rey pide que se lo muestren y los habitantes de la ciudad se lo enseñan por encima de las almenas de la muralla.
Estaba demasiado lejos para poder reconocerlo así que Alfonso I solicita unos rehenes para garantizar su seguridad al acercarse a la muralla. Por la Puerta de la Malaventura salen setenta caballeros que son apresados mientras que el rey se acerca al Cimorro de la Catedral para apreciar como, efectivamente, aquel era su hijastro y estaba vivo.
Como el asalto a la ciudad es imposible, decide retirarse de Ávila pero, en un acto de gran crueldad, hace sumergir en grandes ollas de aceite hirviendo a los apresados. Aquel lugar pasó a denominarse y aún sigue nombrándose así, Las Hervencias, al norte de la ciudad.
Fue grande el dolor que provocó semejante acción y los caballeros abulenses “ovieron gran dolor i plañían e mesaban sus barbas e cabelleras”. No podían enfrentarse a aquel ejército en campo abierto así que envían al más valeroso de lo suyos, a Blasco Jimeno y a su escudero que partieron tras el monarca y su séquito que se dirigían a Zamora. Les dieron alcance en un llano entre Fontiveros y Cantiveros. Allí el hidalgo le retó a duelo, diciéndole que era “malo, alevoso y perjuro” pero el rey, indignado, mandó a los lanceros y saeteros acribillarles y descuartizar sus cuerpos. El Concejo de Ávila, orgulloso de su conciudadano, mandó erigir allí una cruz que aún se conserva y que recibe el nombre de La Cruz del Reto.
Blasco Jimeno reta al rey delante de todo su séquito.Blasco Jimeno es lanceado y su escudero, a pesar de huir, es alcanzado
Blasco Jimeno reta al rey delante de todo su séquito
Blasco Jimeno es lanceado y su escudero, a pesar de huir, es alcanzado
Tras numerosas vicisitudes y la muerte de Doña Urraca, su hijo fue coronado rey de Castilla como Alfonso VII y en agradecimiento al comportamiento de la ciudad, permitió que en su escudo figurase la leyenda "ÁVILA DEL REY" y apareciese él mismo, de niño, alzado por encima de las murallas como habían hecho para mostrárselo a su padrastro.

Leyenda o realidad, el escudo de la ciudad muestra ambos títulos concedidos, la zona al norte de la capital se denomina “Las Hervencias” y la Cruz del Reto, en Cantiveros, sigue recordando a aquel noble que quiso vengar la afrenta cometida. Cada cuál que crea lo que quiera.



La Princesa Mora


Hay muchas leyendas medievales en las que intervienen musulmanes, los moros que dominaban el sur peninsular. Se da una curiosa circunstancia ya que eran enemigos pero también se les reconocía como sabios y justos. Su mayor defecto era que no creyesen en el Dios verdadero.

Fruto entre los inestables tratados entre cristianos y musulmanes, una bella doncella mora, Aixa Galiana hija de Al-Menón de Toledo y sobrina del rey Al-Mamún es conducida a Ávila. Casi una niña, con sus catorce años, llegó triste y abatida ya que sufría de mal de amores: había dejado atrás, en Toledo, a su amado. Ni las fiestas celebradas en su honor ni la tutela de Doña Urraca, hija del rey Alfonso VI, la devolvían la sonrisa.
Era tal su belleza que fueron muchos los caballeros que se interesaron por ella pero el más prendado resultó ser el valeroso Nalvillos Blázquez, que llegó a concertar su boda con ella por medio de su tutora Doña Urraca. Pero resultaba que los padres del doncel ya habían concertado su matrimonio con otra hija de la nobleza abulense, Arias Galindo. Y que el rey, en agradecimiento a su colaboración, había hecho lo propio con la mora, en este caso, su prometido sería un jefe árabe llamado Jezmín Yahia.
Nalvillos, terco como él sólo, se empeñó tanto que consiguió casarse con Aixa (convertida al cristianismo) pero se granjeó el odio de Jezmín y el desengaño de Arias, enamorada perdidamente de él y que debió conformarse con esposar con su hermano Blasco.
Ignorando de quién se trata, Nalvillos traba amistad con Jezmín en un viaje a Talavera. Y tanto le agasaja el primero, que el cristiano no tiene por menos que invitarle a los esponsales de su hermano Blasco, incluso, dándole aposento en su casa palaciega.
Ya en Ávila ambos y dentro de las celebraciones por la boda entre Arias y Blasco, se celebraban torneos y justas y al abulense reta a su nuevo amigo a combatir a espada. Le vence con cierta facilidad y el musulmán se siente humillado, no tanto por el escarnio público sino por ver entre los asistentes a su amada Aixa y apreciar como ésta le observa desesperada, acosada. Y si, el amor que había dejado atrás la mora al ser llevada a Ávila, no era otro que Jezmín.
La tristeza que acompaña a Aixa y cuyo motivo desconoce, duele cada vez más a Nalvillos que pensando que sufre en la ciudad amurallada, construye para ella una hacienda con todo tipo de lujos en el paraje de Palazuelos, a escasas leguas hacia el norte siguiendo el cauce del río Adaja.
Pero ella continuó aquejada por sus dolencias sentimentales, sólo consolada por las visitas secretas de Jezmín que aprovechaba las frecuentes ausencias del esposo capitaneando incursiones militares, para ver a su querida aprovechando la noche. Aquello desembocó de la única forma posible: los amantes se fugaron para retornar a Talavera.
El guerrero vuelve de sus contiendas y encuentra la hacienda vacía y, sabedor de la afrenta, decide ir en busca de los adúlteros. Se hace acompañar por su más leales caballeros. Sin embargo, no ataca la ciudad toledana sino que les hace acampar en las inmediaciones, adentrándose en la villa en solitario disfrazado con vestiduras árabes. Eso sí, da orden de atacar si no retorna en dos días.
El ultrajado caballero se dirigió al palacio de Jezmín y logró alcanzar el jardín de esta residencia donde su amada Aixa restaba sola. Tapando su rostro con el esbozo, la dedicó frases lisonjeras, ésta, embelesada, terminó por dejarle acceder hasta su alcoba. Allí, Nalvillos se descubrió y ella llamó presurosa a la guardia que lo apresaron. Ya el ofendido no albergaba ningún sentimiento hacia su esposa al comprobar su adúltera conducta que no era fruto únicamente de un secuestro.
Jezmín decide ejecutar a Nalvillos en una plaza pública quemándole en una pira. Como último deseo, el cristiano pide hacer sonar una trompa de guerra. Accede a ello el árabe, sin saber que aquella era la señal que los caballeros leales al reo aguardaban para atacar la ciudad.
La matanza fue cruenta y el noble abulense vengó su afrenta particular quemando a los amantes en el lugar preparado para su propia ejecución. El resto de su vida la dedicó a guerrear incansablemente ya que no había otro objetivo en su vida que no fuera luchar. A su muerte, fue enterrado en la Iglesia de Santiago, entre los llantos de los abulenses que valoraron su carácter heroico aunque todos conocían el porqué nunca llegó a ser feliz en vida.

Nalvillos existió como personaje histórico, la toma de Talavera de la Reina fue un hecho histórico decisivo en el avance cristiano hacia el sur (1083, Alfonso VI) y la finca de Palazuelos es una bella dehesa ubicada entre los encinares al norte de la ciudad. Como siempre en las leyendas, hay retales de realidad y otros aderezos que cada uno debe creer o no en función de los deseos de hacerlo. Mas, cuando pases por la Plaza de Nalvillos de Ávila, recuerda al atormentado caballero y piensa que nunca consiguió la felicidad de corazón que fue lo que buscó en vida y no el ser conocido por empuñar las armas.

Palacio de los Deanes en la Plaza Nalvillos
Palacio de los Deanes en la Plaza Nalvillos




Jimena Blázquez, una mujer de bandera


La Edad Media en la meseta castellana fue turbulenta en cuanto a la seguridad ya que, a los ataques de los musulmanes que habitaban los reinos del sur, se unían las desavenencias entre el reino de León y el de Castilla.
Las aparentemente inexpugnables murallas de Ávila únicamente podían ser vencidas con un largo asedio o aprovechando un gran descuido de los defensores. Esta fue la ocasión que se les presentó a los batallones musulmanes: las tropas abulenses tuvieron que salir en dirección al Puerto de Menga, necesitando a todos los hombres en edad de luchar, posiblemente esperando sorprender a los atacantes. Sin embargo, éstos les habían engañado y deciden atacar la ciudad por otro frente al encontrarse indefensa.
Sin embargo, antes de partir, se nombró gobernadora a la brava Jimena Blázquez, mujer del alcalde. Sin saber de esta circunstancia, los moros deciden atacar la muralla. Con los primeros movimientos de tropa, Jimena reúne a todas las mujeres y éstas se visten con ropajes de guerreros, disponiéndose en las zonas más visibles de la muralla con teas encendidas, gritando y tocando las trompetas de guerra. Ante la circunstancia de que Ávila se encuentra bien defendida, los árabes ni siquiera intentan el asedio. Jimena había salvado a la ciudad.
A partir de este momento, las mujeres abulenses tuvieron el privilegio de participar en las reuniones del Ayuntamiento.
Escultura de Jimena Blázquez en la Plaza de San Miguel de Ávila. Porta las llaves de la ciudad
Escultura de Jimena Blázquez en la Plaza de San Miguel de Ávila. Porta las llaves de la ciudad

La posibilidad de que la ciudad fuera asediada por los musulmanes no está documentada de una forma fehaciente aunque las correrías desde los reinos meridionales si debieron ser constantes y es posible que, de alguna forma, afectasen a Ávila.





Mal que os pese la he de ver


La batalla de las Navas de Tolosa (Jaén, 1212) fue un momento decisivo en el avance cristiano hacia el sur, venciendo a los musulmanes. La participación abulense en la misma fue notable. Pues bien, volviendo victoriosos de esta batalla, los guerreros entraron en Ávila desfilando con gran pompa.
Uno de los batallones estaba comandado por Alvar Dávila cuyo señorío se extendía por la zona de Sotalvo, una localidad a escasa distancia de la capital. Era apuesto y marchaba orgulloso sobre su caballo. Y claro, al pasar por delante del palacio de Don Diego de Zúñiga, la hija de éste, Doña Guiomar, quedó hondamente impresionada. Pero no fue la única: Alvar se enamoró perdidamente de la doncella y el resto del desfile fue un sin vivir pensando en la dulce serrana.
Sin embargo y como era norma en aquella época, el destino de Guiomar no dependía de ella misma y su padre, Don Diego, ya tenía previsto su futuro que había de pasar por ingresar en un convento y dedicar su vida a Dios.
Tras unos pocos días, Alvar se decidió a pedir licencia para esposarse con la mocita ya que, desde que la conoció, no comía ni bebía alimentándose únicamente de su recuerdo. Y se presentó ante Don Diego con estos fines. Pero era terco el suegro y no le gustaba en absoluto el pretendiente por lo que le echó de su palacio, asegurándole que nunca más volvería a ver a su hija.
Alvar estaba dolido pero no se resignaba a que no podría contemplar jamás a su amada por lo que replicó:

Dª Guiomar y yo seguiremos amándonos; y aún más, viéndonos:¡ mal que os pese!.

Y se retiró a su señorío de Sotalvo ya que la guardia de palacio tenía orden de hacerle prisionero si osaba merodear por Ávila. Allí, en lo alto de un risco construyó un castillo, dirigido hacia la ciudad para poder ver, o más bien intuir, a su amada. Ella se asomaba a la ventana de la alcoba, que sobresalía ligeramente por encima de las murallas y él hacía todo tipo de señales para que ella pudiera saber que estaba allí, amándola en la distancia.
Posiblemente de amor, al poco falleció Guiomar y Alvar lo supo coincidiendo con su partida hacia el frente de guerra ese mismo día. Y no sabemos si por dolor, se dejó matar y ya no volvió de aquella nueva batalla.
Hoy en día, el castillo conocido como Mal que os pese se alza desafiante en Sotalvo y aún, una cancioncilla recuerda aquella historia de enamorados al más puro estilo de Romeo y Julieta a la abulense:

Guiomar esta triste, ¡Cómo se miran!
su amor está lejos, ¡Cuánto se quieren!
entrambos se mueren, Y son sus suspiros
entrambos son presos, las únicas prendas
que van y que vienen.


Castillo de Mal que os pese (Sotalvo)
Castillo de Mal que os pese (Sotalvo)



Monje por Desamor



    Esta leyenda es una trágica historia de amor en la que se mezcla el desamor, el dolor por el amor sentido y la desdicha por el amor perdido.
En el Palacio de Núñez Vela vivía la bella Lucinda, la hija de un noble abulense que destacaba por su piedad a la par que por su belleza serena. Pese a lo halagos de ciertos pretendientes que pretendían su corazón, ella hacía caso omiso a los envites del corazón. Además, para espantarlas, varias ayas o criadas la acompañaban siempre por orden expresa de sus padres.
Sin embargo, en sus paseos por la ciudad comenzó a notar la presencia de un apuesto joven que la seguía en la distancia. El balcón de su alcoba, que se mantiene en la actualidad, sobresale por encima de la muralla y cuenta con una magnífica perspectiva sobre el Valle de Amblés. Pues bien, cuando se asomaba al mismo, allí encontraba apostado al misterioso joven.
La curiosidad que sentía por el doncel fue tornando en enamoramiento hasta que la pasión hizo que, ambos, lograran hablar. Este coloquio les llevó a un enamoramiento pleno.
Cuando comenzaban a conocerse aconteció la tragedia: el joven que no era sino un noble de alta alcurnia llamado Enrique Blázquez Dávila, fue acusado de conspiración y obligado al destierro. Algunos consideraron que fue una maniobra urdida por el padre de la joven para alejarle de su hija. Lo cierto es que la noche antes de la partida, los amantes se vieron por última vez y se juraron amor eterno:

¿Me querréis siempre? - dijo la joven.

Siempre hasta la muerte - gritó emocionado Enrique mientras se alejaba de la muralla cabalgando presuroso. Durante un buen trayecto aún intuyó la presencia de su amada allá arriba, encima de la muralla.

A partir de ese día, Lucinda pasaba varias horas diarias asomada al balcón, oteando el horizonte por si regresaba su amado o alguien le daba noticias del mismo. Pero no soportó la ausencia mucho tiempo: cayó enferma y murió al poco sin sufrir enfermedad alguna, posiblemente de amor.
Enrique pudo reponer su honor participando en mil batallas y cuando pudo volver a Ávila, rápidamente retornó al palacio donde le dieron noticia de la muerte de su amada.
Enloqueció por no haber podido ni siquiera verla antes de morir así que logró colarse dentro de la iglesia del convento donde descansaban sus restos e intentó abrir su sepulcro. Sin embargo, por alguna magia sobrenatural, sus manos quedaron soldadas a la tapa del sarcófago. Tras unos minutos angustiosos en los que intentó despegarlos del frío granito, logró hacerlo y huyó despavorido. Ello evitó que profanase la tumba y tuviera una imagen tétrica que le hubiera acompañado toda su vida.
Tras una noche de tortura, el caballero volvió a aquel convento y pidió ingresar en el mismo como monje. Y allí pasó el resto de su vida, viviendo al lado de su amada muerta.
Hay dos galerías que se vuelcan sobre la muralla y la más conocida es la del Palacio de Núñez Vela, lugar donde vivió el amor y el dolor la doncella Lucinda. Cuentan que el lugar en el que fue enterrada fue el Convento de San Francisco, situado en la zona norte de la ciudad. Pero, de momento, nadie ha visto al caballero que seguiría velando el sueño eterno de su dama.
Galería del Palacio de Núñez Vela.
Galería del Palacio de Núñez Vela.




El Cubo de la Mula

    Las hagiografías o vidas de santos están repletas de milagros ya que, los canonizados deben haber mediado en hechos milagrosos a lo largo de sus vidas. Y claro, la tradición oral de generación en generación, han hecho que estos milagros se hayan “ornado” de una serie de mitos y leyendas.
Hacia 1088 nace Pedro en las inmediaciones de la localidad de El Barco de Ávila. A medida que va creciendo, todo su entorno aprecia sus grandes cualidades y su bondad algo que, en aquella época, conducía a la vida monacal o el sacerdocio. Y él opta por lo segundo.
Al poco tiempo queda huérfano y se retira a un lugar retirado donde se dedica a cultivar la tierra y roturar zonas boscosas. Él vive con lo mínimo y lo que produce, lo reparte entre los más necesitados. Poco a poco su fama se extiende y el obispado le reclama para cumplir con algunas misiones de la Iglesia.
Tras muchos años de servicio, regresa a su localidad natal y a sus ocupaciones campesinas. Sin embargo, sobrepasa los setenta años y debe buscar un ayudante, un mozo que le ayude. Algo le reconcome por dentro y es saber cuando morirá: había tenido la experiencia de sus progenitores y deseaba conocer con antelación cuando dejaría el mundo terrenal. Y así lo pide en oración.
Recibió su contestación en forma de señal:

“Morirás cuando el agua de la fuente se convierta en vino”.

Corría el año 1155 y al poco de la revelación, mandó a su mozo a por agua a un manantial cercano. El chaval tornó muy azorado con un cuenco lleno de vino entre sus manos. A los tres días, Pedro (conocido después como San Pedro del Barco) murió.
Estos hechos milagrosos y su propia santidad eran conocidos en muchos kilómetros a la redonda y varias villas querían llevar los restos mortales a sus iglesias. Y es que poder orar junto a los mismos irradiaba virtud a aquellos fieles que lo hacían.
Así que Ávila lo solicitó como sede episcopal, Barco como localidad natal y Piedrahita como lugar de nacimiento de su madre. Como no había acuerdo, se toma una decisión en la que intervendría la suerte o los designios divinos: los restos, conservados en sal, se montaron a lomos de una mula y se condujo al animal a uno de los caminos que circundan la localidad de Barco. Y se la dejó suelta.
Pese a la proximidad de la localidad barcense, la mula comienza a avanzar hacia el este, por la calzada que conduce a Piedrahita. Pero, al llegar a este pueblo, continuó avanzando con paso decidido a pesar de las muchas gentes que le salían al paso y le pedían que, por favor, se parase allí. Por fin, llegó a Ávila, entró en la Basílica de San Vicente y en un punto muy próximo al Altar Mayor, pegó un fuerte golpe contra el suelo con una de sus pezuñas y se desplomó muerta. Todos interpretaron que el designio divino había sido el que San Pedro del Barco yaciera en aquel templo. Y la esforzada mula fue enterrada al lado de un cubo de la muralla.
San Pedro del Barco es un santo muy honrado en su localidad natal donde erigieron una ermita donde se ubicaba la casa donde nació. En la Basílica de San Vicente se conserva la huella de una herradura en las inmediaciones del altar y el cubo de la muralla que forma el vértice dirigido hacia esta iglesia recibe el nombre de Cubo de la Mula, localizándose allí un verraco celtibérico que dirige su testuz, también, hacia el templo.

Si todo fue una leyenda, ¡qué bien cuadra todo!.

Ermita de San Pedro del Barco.
Ermita de San Pedro del Barco.
Las huertas cultivadas por el santo se regaban con las aguas del río Tormes.
Las huertas cultivadas por el santo se regaban con las aguas del río Tormes.
Verraco vettón dispuesto en el Cubo de la Mula.
Verraco vettón dispuesto en el Cubo de la Mula.

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